20/3/10
Brasil, Rio de Janeiro, febrero 2010
Tiempo de vacaciones. Ahora, correspondía Brasil.
Primera cosa, el destino era si o si, ya que nunca había ido al país de la samba (ya hablare una palabrita sobre aquello) durante los preparativos, a quien le preguntabas si había ido al Brasil -independiente del destino- mostraban dos claras tendencias: te decían que era “la raja” y que les agradaría volver. Te miraban con ciertos ojos, mezcla de nostalgia y envidia, te pegaban unas palmaditas diciendote “lo vas a pasar bien”, luego -casi todos- hablaban de unos carros de vendían caihpiriñas a destajo en plena playa.
Pues bien, abordé el vuelo de itinerario en Lan, como cada vez que puedo, por los puntos y porque me da confianza . Nótese que no es ninguna referencia al raquete premiado presidente que nos gastamos, también compro en las farmacias Simi, sin importarme el mafioso mexicano que es el dueño.
El destino. Rio de Janeiro.
Al llegar, bajar del avión y luego de salir de la terminal se siente un calorcito humedo que te golpea de inmediato. Es un efecto instantaneo. Al interior de la Terminal (que es grande pero ahí no mas) funciona a todo cachete el aire acondicionado (como en todo Río, es impresionante, si eso de los bonos de carbono llega a funcionar algún día, ya se donde ir a canjear los mios jejej)
Luego de escuchar varias opciones propuestas por amigos y conocidos, eligí Ipanema como destino al interior de Rio, por un tema de seguridad. Me instalé en un Hosteling por 45 reales (un real trescientos pesos) la noche, pieza compartida, baño idem. El lugar bastante decente, con buenas instalaciones, y con huespedes la mayoría jovenes y extranjeros.
Mi primer impacto con el Portugués Brasileirao es que a los cariocas no se les entiende ni coco. En realidad cuesta, porque si uno lo lee, lo entiende bastante bien. Pero los brasileños tienen un acento bastante particular, medio cantadito, que hace ininteligible la frase mas simple.
Al poco tiempo descubrí mi arma secreta contra tal infame maleficio linguistico: Hablaba yo. Claro y breve, parecía que a ellos no les cuesta entenderte tanto. En fin. O al menos hacen como que te entienden. Se trata -en general- de personas alegres, cero strress y aunque los choferes de Omnibus conducen como desquiciados, son personas amables y atentas.
Uno se puede mover -con ciertas precauciones- por todo Rio en Omnibus, salvo el latoso sistema de angostos torniquetes que tienen todos los buses (traten de pasar con maletas y mochila por ahí!) el sistema es seguro y eficiente, la tarifa media cuesta 2,35 reales () cuesta un poco mas si el bus cuenta con aire acondicionado. Hay un Metro que no tiene tantas lineas y estaciones como en Santiago, pero tambien es seguro y eficiente. Y tiene aire acondicionado, lo que es un agrado, no solo pensando en los vanos intentos de nuestro querido transantiago de hacer mas agradable la vida a sus habitantes, sino que en Rio, en febrero, “la calor es tellible”, imaginen 41º grados con una sensasión térmica de 50º
En Metro desde la Estación Ipanema puedes ir directo, por ejemplo al estadio Maracaná, templo para los futboleros por su historia deportiva y porque allí se podría jugar la siguiente copa del mundo. Me emocionó ver en una especie de paseo de fama un homenaje a Elías Figueroa, junto a ídolos como Pelé o Garrincha. Bueno así usando el transporte público se puede ir al Sambodromo (especie de estadio pasadizo) que ardía durante mi visita, en los días previos al Carnaval, que es una cosa bastante seria en Brasil. El referido desfile se prepara todo el año, con mucha gente, dinero y auspiciadores incluídos.
Pero, obvio antes de conocer museos y leseras, había que ir a la Playa, estaba en Ipanema, había que puro ir a ver si era verdad todos los sabrosos “detalles” de mis amigos, Caipiriñas incluídas. Y era cierto. O mas bien era mejor que eso. Febrero es una fiesta es Rio, es carrete todos los días, a toda hora, gente feliz, ambiente de Fiesta, es parte de su forma de ser.
Las calles estaban llenas de gente, cada dos metros te venden cervezas, aguas y jugo de coco, a nadie le importa ni como te vistes, ni si tienes dos rollos, ni de donde eres. Le hace bien ese ambiente a los chilenos.
Brasil esta lleno de playas espectaculares.
Desde el Terminal Novo Río, por 36 reales uno va de Rio a Angla du Reis, el viaje dura unas tres horas y media, Angla es un pueblito chico, que es el acceso a la Isla Grande. De Angla salen Catamaranes que en unos 45 minutos te dejan instalado en un mini paraíso terrenal. No solo por la naturaleza, exhuberante, la belleza de los lugares, sino porque cuenta con todos los servicios, excursiones de todo tipo, paseos, buceo, recorridos en lancha etc etc, uno tiene todo para estar cómodo allí.
Como decía un chileno que reconocí allí -porque invitaba a un “carrete” a unas gringas-, “¡que sector 4 de Reñaca” si me gano el loto, me compro un terrenito acá y me quedo a vivir para siempre!
Otro destino difícil de salir, aunque menos estridente que el carrete en las calles de Ipanema, Copacabana o la Rua Santa Teresa, se vive un ambiente muy de Isla, de tranquilidad, todo como les decía en un ambiente bonito y con ese calorcito agradable (no tan agobiante como el de Río).
Como botón de salida, conocí Teresopolis y Petropolis, dos ciudades ubicadas en la sierra a menos de dos horas de Rio. Éstas resultaron unas verdaderas joyitas, por su riqueza histórica, estan ubicadas en altura, lo que eran los caminos imperiales en la época de la conquista de Brasil, luego Petropolis fue el lugar escogido por Pedro II emperador de Brasil, para pasar gran parte del año, junto a señora y cabros chicos, haciendo cosas de Emperadores, como ponerse una corona de oro, joyas y diamantes, o unos vestidotes que deberían haber pesado trescientos kilos por lo bajo o tener una salita de lujosas decoraciones donde la patrona recibía a sus amigas y les ofrecía cahipiriñas jajajaj no, no sé. Pero lo que si conocí fue el museo instalado en pleno centro de la ciudad, rodeado de un jardín-parque precioso, donde se conserva la casa de don Pedro II. Una maravilla, muebles, documentos, habitaciones conservadas con delicado cuidado. Uno realmente se traslada a la primera parte del siglo 19 y es capaz de imaginar a las hijas del emperador sentadas en la sala de música ensayando en un clavicordio. En fin Petropolis es una ciudad muy bonita, tambien con calorcito agradable, con callecitas de piedra, en medio de la montaña, con lindas casas, hasta con un reloj de flores, igualito al de viña, frente a la casa de Alberto Santos Dumont, que Wikimedia describe como el primer hombre en despegar a bordo de un avión, impulsado por un motor aeronáutico.
Me gustó Petropolis por su historia, porque ahí mismito vivía Gabriela Mistral como cónsul de Chile en 1945 cuando le dieron el Premio Nobel y sobre todo que tiene un tono provinciano, tranquilo, seguro, distinto a Rio, a pesar de estar a 70 Km de distancia. :-)
criado por humberto
9:12 pm — Categoría: 








